Equipado con mi arsenal y completamente uniformado, me dirigía a la batalla.
Todo estaba oscuro, frío. La lluvia era digna de un apocalípsis. Casi no había luz artificial...
Y sí, el mundo se había acabado. Estaba todo lleno de monstruos, zombies, extraterrestres y alimañas de toda clase.
No podía encontrar señales de vida humana con la que interactuar. Yo era un sobreviviente del exterminio. El apocalípsis ya había terminado y Dios no volvió. Confirmé que Dios no existe.