Últimamente no he tenido sueños dignos de contar, pero este si lo vale, o al menos para mi.
Siempre me he caracterizado por tener sueños extraños, con mucha fantasía, y este tiene un poco de realidad y fantasía...
Pepita y yo íbamos juntos caminando y corriendo por un cerro de la ciudad, arrancando de los carabineros. Estábamos en una protesta, quizás de estilo ambientalista, que es algo que a ella le apasiona.
El guanaco y el zorrillo se movían por todos lados, y para variar, no faltaron los imbéciles encapuchados que hacían destrozos por todos lados.
Íbamos corriendo por la orilla el cerro, y yo llevaba en mi espalda una montura con arnés, con piezas de cuero y metal, pero no sabía por qué.
En eso, aparece volando un demonio, dispuesto a atacarnos... Era enorme, negro y con grandes alas. Si tuviera que compararlo con una figura conocida, sería muy parecido a Batman cuando vuela abriendo su capa.
Luego de unas vueltas por sobre nosotros, extrañamente este demonio se posa muy cerca de nosotros y nos acercamos. El demonio no era un demonio. Era Chimuelo! Si! El dragón negro, Furia Nocturna, de Cómo Entrenar a tu Dragón!
*Si, a veces suelo ser un poco niño... Un poco harto*
En ese momento, entendí que la montura que andaba trayendo en mi espalda era precisamente para esto...
-Viste? Si yo sabía que esto nos iba a servir en algún momento -le dije a Pepita-
Nos acercamos a Chimuelo, instalamos la montura y nos fuimos volando en su lomo... :3
Luego de alejarnos de la protesta, pacos y desmanes de encapuchados, Chimuelo nos dejó en un lugar seguro, pero igual dentro del centro de la ciudad.
Pepita y yo nos fuimos caminando, felices, de la mano. Estaba feliz por esta segunda oportunidad que la vida me daba a su lado y poder hacer las cosas bien, como siempre debí hacerlas.
La emoción y la felicidad no daban para más en mi corazón, y llegaba a vomitar corazones de lo enamoradamente feliz que me encontraba a su lado.
Nos internábamos en una calle secundaria, casi un pasaje, para caminar tranquilamente. El ruido de la manifestación iba quedando más atrás con cada paso que dábamos. Justo al llegar a una esquina y antes de doblar, nos encontramos con un kiosko.
Era un kiosko normal, con venta de diarios, revistas, cigarros, dulces, galletas, bebidas, etc. Pero no era cualquier kiosko. Era un kiosko propiedad de Pepita.
Pepita y yo caminábamos de la mano y pasamos frente al kiosko, solo a unos 5 metros de distancia como mucho, y veo salir a Pepita de dentro de su pequeño negocio.
Por un momento pensé en seguir mi camino y no acercarme, pero no pude. No fui capaz.
-Amor, espérame un poco. Vengo al tiro. -le dije a Pepita-
-Qué pasa? -me preguntó con voz dulce-
-Nada, mi amor. Sólo voy a... saludar...
Solté su mano y me acerqué al kiosko, y Pepita estaba mirándome con rencor, intentando contener su rabia al barrer para mantener un ambiente limpio en su lugar de trabajo.
Si. Eran dos Pepitas. La Pepita de verdad era la del kiosko. Era la que no me quería, la que me había dejado por otro, la que sólo tenía rencor y rabia en su corazón hacia mi. Era la que estuvo por años a mi lado para luego terminar burlándose de mi pena, festinando con mis lágrimas y jactándose de "su felicidad" junto a un tipo oportunista que se aprovechó de nuestros problemas (bien jugado, campeón!).
La segunda Pepita, la que estaba conmigo, era un clon. Así es... un clon. Era exactamente igual físicamente a la original, con la misma inteligencia, gustos y forma de pensar, pero sin los sentimientos negativos que tenía la Pepita original hacia mi. La Pepita clon estaba profundamente enamorada de mi, y eramos felices, tal como lo fui en primer lugar con la Pepita original.
-Hola... -le dije a Pepita-
-Hola... -dijo fríamente mientras me miraba con odio y barría el suelo-
-Cómo estás? -pregunté-
-Bien, gracias, feliz. Qué quieres? -me preguntó intentando deshacerse de mi-
-Emmm... nada... Iba pasando por acá y te vi salir del kiosko. Pensé en seguir de largo y hacerme el weon, pero no pude. No puedo.
-Ya. Y qué quieres? -insistió-
-Solo quería saber de ti... y contarte que estoy bien, feliz... Con ella por fin tengo la oportunidad de hacer las cosas bien, la oportunidad de ser feliz que tanto quería. La amo, me ama, y he hecho todo lo que no hice antes. Yo cambié, mejoré, pero no quisiste verlo.
-Si? Qué bueno. Mientele a quien quieras, a mi clon, pero a mi no. Hazla sufrir a ella. A mi no me mientes. No voy a caer en tu trampa. No voy a volver. No voy a perder mi felicidad por ti. -me respondió con rabia-
-No te preocupes. Ella me da la oportunidad de demostrar que aprendí mi lección. Ella es tan feliz como tú lo fuiste conmigo, o quizás más, y yo puedo hacer las cosas bien. No hay ninguna trampa. Ella lo sabe, pero tú no. No te preocupes, sólo quería saber de ti, porque aunque ella sea tu clon, no es tú... aunque yo "te" ame, siempre te voy a amar...
Y me fui donde el clon de Pepita, con un sabor a dolor, amargura, y al mismo tiempo con sabor a felicidad, esperanza y amor.
Pepita no era Pepita, pero era ella al mismo tiempo. Pepita en el fondo de su "doble ser" era feliz a mi lado, estaba enamorada, y yo podía tener los pequeños grandes detalles con ella que siempre quiso y nunca tuve.
Por fin tenía la oportunidad de hacer las cosas bien, como corresponde, haciendo feliz la mujer que amaba... haciendo feliz a Pepita.
Mis aventuras y desventuras... Vegetariano, rockero, lanzao a la vida, enamorado, solitario, triste, feliz.
lunes, 27 de julio de 2015
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