Cigarette

domingo, 26 de julio de 2015

Lectora Pelirroja

El jueves me junté con una de las lectoras que llegó al blog hace poco... una bohemia.

De tanto hablar, insistir y motivarme, la Pelirroja sacó el premiao y acepté salir con ella.

Esta es una historia muy piola, pero bastante "íntima" por decirlo de alguna forma, tanto para la lectora Pelirroja como para mi.

Hace días que me estaba tentando, porque me siento súper solo y falto de cariño, ella también, y ambos estamos con heridas de guerra sentimentales que sanar, por lo que siento que ambos nos hemos ayudado a sanar un poco y hacernos compañía.



Antes de salir, le advertí cómo soy realmente. Un weon normal. O sea, un vikingo cualquiera. Jaja, no, broma. No alcanzo ni pa cacique. Puta... tengo guata chelera y un rollo que busco disimular, cicatrices, a veces me tengo que poner lentes pa ver, etc...

-Voy saliendo al metro. Si te arrepientes, este es el momento.
-No, no me arrepiento.

Y ahí ya partí a esta aventura, estilo cita a ciegas. Lo llamaría "cita tuerta", porque yo ya había visto sus fotos, tanto las que me había mandado como las de su perfil.

Me había advertido que por miedo no iba a llevar el celular, porque pensaba que yo podría ser un flaite delincuente cualquiera y que todo podría ser una trampa para asaltarla o algo asi, y aunque pensé que de verdad había dejado su celular en casa, le seguí escribiendo todo el camino para reportarle mi ubicación.

Nos encontramos en la estación acordada en el cambio de andén, nos saludamos con un beso en la cara y un agarrón de meones. Jaja, no, broma, aunque hubiera sido interesante. Bajamos las escaleras y partimos a un mall... Necesitaba ir a una tienda a preguntar sobre un repuesto para mi celular y le pedí que me acompañara.

Estaba bastante nerviosa. Miraba a cualquier lado menos a mi.

-Chucha, tan feo soy que no me mira? -pensaba para mi-
-Qué pasa? Estás nerviosa? -le pregunté-
-Si, estoy nerviosa. -me respondió tímidamente-
-Jajaja... y por qué? Qué pasa?
-No sé... :( -dijo en voz baja-

Intenté hacer que se relajara metiéndole el pi... conversa sobre su trabajo, estudios y lo típico que se pregunta cuando conoces a alguien. Obviamente, con un poco más de confianza ya que llevamos hablando varios días.

Lo interesante fue cuando hicimos combinación a otra línea... Ahí si se pudo romper un poco el hielo. Había tanta gente y en un principio nos fuimos tan apretados, que si a eso le sumamos la fiebre fálica que he experimentado este último tiempo, que la dejé embarazada al tiro. No, ni cagando. Pero si la tuve apegada a mi, y pude abrazarla sutilmente, o al menos, la pude tomar por la cintura. Poco a poco la gente iba bajando y ya pudimos tomar cierta distancia...

Llegamos al mall, fuimos a la tienda que yo necesitaba y salimos al tiro.

Nos sentamos en una banca que estaba cerca de la salida, nos fumamos un cigarro y conversamos de la vida.

Noté que estaba incómoda al escucharme hablar tanto de mi ex, Pepita. Qué onda? Estaba celosa? No entendí nada... pero ya que yo lo hacía tanto, ella cedió también y me contó su historia con su ex.

Estuvimos hablando cerca de dos horas...

-Yapo, cuéntame algo -me dijo-
-Mmm... esta es una historia que aún no escribo. Es sobre mi primera gran borrachera. Yo tenía...
-♩♬ Yo tenía diez perritos... ♪♫ -interrumpió ella-
-Jajaja... si... ♩♬ Yo tenía diez perritos... ♩♬ -contesté siguiendo el juego-
-Jajaja!
-Yapo... Era mi primera gran borrachera. -retomando la historia- Yo tenía...
- ♩♬ Yo tenía diez perritos ♩♬ -volvió a cagarme la historia-
-Jajaja... Yapo... Esta buena si... La voy a usar pal blog.

Y no me dejó contarle la historia. Me enojé, le pegué y me fui. Jaja, no, broma, ni cagando.

Ya de tanto hablar, estaba empezando a ponerme nervioso. Quería darle un beso y abrazarla, pero no encontraba la oportunidad perfecta para acercarme.

Eran las 9 de la noche. Fuimos al baño y nos pegamos una cachita rápida en los mudadores de guaguas. Jaja, no... Ando con fiebre fálica, pero me puedo controlar... aún.

Tomamos el metro de vuelta y...

-Emmm... mejor movámonos hacia el otro extremo? -le pedí a la Pelirroja-
-Ya, pero... qué pasa? Pasa algo malo? -me preguntó-
-Emmm... si... no... emmm... cómo te lo explico... Mira, sé que te molesta que hable de ella, pero para que entiendas, tengo que hacerlo. La Pepita vive a un par de cuadras de acá. Vive muy cerca, y resulta que está trabajando en turnos de noche, y tiene que pasar por acá. Entonces es más probable que se vaya para el otro lado que por acá, y no quiero toparmela. Es más, estaba pensando que si aparecía en el mall o acá en el metro, y me preguntaba por ti, le iba a decir que eras mi polola...
-Jajaja... Y polola desde cuando? -me preguntó-
-Emmm... Desde ahora -respondí-
-Jajaja... Está buena esa, complicidad.

Y ese era mi plan si es que nos encontrábamos con la Pepita. Abrazar a la Pelirroja, presentarla como mi polola y chantarle un beso. Me alegro no haber tenido que llegar a ese extremo.

En lo que íbamos en el metro, lentamente me iba acercando más y más a ella. Quería abrazarla, darle un beso, sentir su olor, lamerle el marisco y tomarme el caldillo.

Sabía que luego de despedirme de ella, me iba a sentir muy solo. Quería un recuerdo de ella, y su pañuelo rojo era un trofeo de guerra perfecto. Guardaría su olor y me iba a ayudar a calmar mis penas cada vez que me ahogara en malos recuerdos.

-Qué lindo tu pañuelo... Te lo voy a sacar -le dije mientras suavemente acomodaba su pelo-
-No. Es mio. -me respondió-
-Si sé, pero ahora me lo vas a dar y me lo voy a llevar.
-Y por qué tengo que hacerlo?
-Porque yo quiero :) -le respondí con seguridad-

Luego de unos minutos de forcejear e insistir con el pañuelo, logré que cediera y me lo entregó. Lo guardé de inmediato en el bolsillo de mi poleron.

Intenté hacer un nuevo acercamiento, abrazándola fuerte y "ahogándola" contra mi pecho, a modo de "caricias bruscas" y apretándole suavemente los brazos, como si le estuviera diciendo "me tienes desesperado por un beso, mierda!"

Hicimos cambio de linea, ya subiéndonos al último tren de este pequeño tour. La pena empezó a asomarse, mientras intentaba distraerme para no caer en la angustia de volver solo a casa.

Ya no aguanté más las ganas de tener un contacto físico mayor, y me aventuré a abrazarla. Esta vez fui más delicado, y se apoyó en mi...

-Tienes la carita suave -le dije mientras la acariciaba-

No aguanté ni un minuto más y me tiré un peo. Jajaja, no, eso no. No aguanté y le di un beso. Un besito suave, corto, sin pornografía.

-Gracias -me dijo la Pelirroja-

No entendí qué quiso decir con eso, pero sus nervios y su timidez seguían ahí. Si llegas a leer esto, agradecería que me dijeras qué quisiste decir con eso, porque sigo sin entender. Y así recorrimos el resto del camino, abrazados y con besos inocentes.

En un momento, recordé la diferencia de edad, entre sus 19 y mis 26...

-Eres linda, pendeja. Pendeja pasada a leche. Linda! -le dije mientras le daba más besos y acariciaba su pelo-

En uno de esos besos, abrí los ojos y la miré. Ella estaba con sus ojitos cerrados, entregada en un beso, abrazándome, como si nada más hubiera en el mundo, como si yo fuera lo único que ella había buscado y esperado en toda su vida. Volví a cerrar los ojos...

Salimos del metro, nos fuimos a un motel, y follamos toda la noche como si el mundo se fuera a acabar. No, mentira. Ando sin plata como pa eso xD

Luego de despedirnos y del último beso, ella desapareció rápidamente de la estación. Yo hice cambio de andén para devolverme rumbo hacia mi casa.

No sé lo que ella habrá pensado de mi. No sé si le gusté o no. Pero me fui feliz, porque volví a sentir que por un minuto había alguien que quería estar conmigo, alguien para quien yo era todo su mundo.

Saqué el pañuelo aún tibio por su calor corporal y sentí su aroma.

Volví a ser feliz por un momento. Volví a sentirme querido.

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