Cigarette

sábado, 18 de julio de 2015

Esperándote... pero no llegaste

Hace unos días no di más de pena y dejé el orgullo de lado, y mientras lloraba pedí ayuda.

Hablé con Álvaro, le pedí disculpas por ser tan mierda, por haberle fallado como amigo, por haberme alejado de todos, por si alguna vez lo hice sentir mal por algo que haya dicho o hecho... No daba más de pena, de verdad. Y me dijo que ibas a ir a la tokata del miércoles, por lo que decidí ir...

Me tuve que conseguir plata para comprar la entrada, pero al final el Esteban me dio un pase gratis con la lista de invitados, a si que me ahorré un poco.

En el camino estaba muy nervioso, ilusionado con la idea de verte, era mi oportunidad de acercarme a ti y poder conversar, expresar lo que siento.

Me fui escuchando música todo el camino, llegué al centro y me fui caminando hacia el bar. En el camino, pasé por fuera de muchos otros bares, e iba mirando a toda la gente que estaba ahí, compartiendo con sus amigos, la gente que pasaba a mi lado, pensando que quizás podrías estar en una de las mesas tomando algo antes de ir a la tokata... pero no te vi. No estabas.

Luego pensé que iba a encontrarte afuera del bar, fumando, tomando alguna cerveza con los cabros de siempre... pero tampoco te encontré.

Saludé a todos tragándome la pena, fabricando abrazos fríos y sonrisas forzadas, pregunté por ti, y nadie te había visto. Nadie sabia de ti... Pensé que ibas a llegar más tarde.

Entré al bar, saludé a los que estaban adentro y pregunté por ti. Tampoco sabían nada de ti. Y aunque ellos saben que tú ya no me quieres, igual me preguntaron por ti. Fue como tirarme ácido en una herida ulcerada.

Empecé a darme vueltas de un lugar a otro, como un tigre enjaulado. Te busqué dentro del bar, con la ilusión de que estuvieras escondida en algún rincón, pero no estabas. Me quedé afuera, fumando y conversando, esperando que llegaras. Cada minuto que pasaba, cada segundo, era para mirar con atención a todos lados, esforzar mis dañados ojos para ver si venías caminando a lo lejos, imaginar que ibas a llegar en cualquier momento a mi lado. Pero no llegaste...

Fui a ver la banda que ya estaba tocando. Estuve un buen rato ahí, escuchando las canciones interpretadas con tal profesionalismo, que parecía estar escuchando a la banda original y no al tributo. Las parejas pasaban a mi lado, empujándome, como si fuera una puerta o un objeto sin vida... Será que ya estoy muerto en vida? Quizás es así, porque no me siento vivo. Miraba a las parejas, de la mano, abrazados, besándose, compartiendo una cerveza, cantando y saltando felices, tal como nosotros estuvimos tantas veces.

Veía la hora de forma compulsiva, una y otra vez, pensando que venías en camino, que ibas a llegar tarde, pero a tiempo para ver a nuestros amigos. Tenía la ilusión y la esperanza de que ibas a aparecer en cualquier momento detrás mio e ibas a tomarme de la mano, como siempre lo hacías. Tenía el deseo de verte, saludarte, invitarte a una cerveza y conversar... robarte un beso... pero no llegaste.

Terminó de tocar la primera banda, y yo estaba sentado tomando cerveza junto a la Camila y la Cata. Tenía reservada la plata que me conseguí para compartir unas chelas contigo, pero ya me había entrado la sed por la ansiedad, porque no llegabas, y ya iban a tocar nuestros amigos, por lo que fui caballero con las niñas y las invité a una cerveza. Ellas miraban hacia la puerta a cada segundo, por lo que mis nervios aumentaban cada vez más, con la ilusión de verte llegar, pero llegó el turno de los chicos... Él único que llegó fue el Álvaro, pero llegó solo. Le pregunté por ti y me dijo que no sabía nada de ti. Que quizás ibas a llegar más tarde... y no llegaste.

Dejé mi abrigo en el backstage, casi a la vista desde el escenario.

En cada canción recordaba las miles de veces que cantamos juntos las mismas canciones en las tokatas, y con mayor razón en los conciertos. Las veces que bailamos y cantando las canciones en tu casa, estando solos, frente a todos, sin importar nada más que tú y yo.

Me tragué la pena y las lágrimas, y como un buen actor, simplemente sonreí y canté con todas mis fuerzas como si hubiese estado solo, como si con mi voz desgarrada y desafinada te hubiese estado llamando a gritos, pensando que si cantaba más y más fuerte, en algún lugar del mundo me ibas a escuchar.

En cada canción aumentaba mi ansiedad por verte llegar, porque llegaras a cantar junto a mi, pero iban pasando los minutos y las canciones, el tiempo iba pasando y cada vez quedaba menos para que terminara la presentación. Los tragos de cerveza eran uno tras otro, intentando olvidar que no estabas a mi lado, pero aún mantenía la ilusión de que al menos ibas a llegar a la última canción y la íbamos a cantar y bailar como siempre lo hemos hecho, pero terminó el tiempo... y no llegaste.

Salí derrotado del bar, desesperado por fumar un cigarro y matar mis nervios y mi ansiedad. Pensé que quizás ibas a llegar a tomarte aunque fuera una cerveza, y por más que esperé y esperé no llegaste.

Entré al bar, me senté con el Esteban que me estaba esperando con un vaso de cerveza y conversamos un rato de la vida. También estaba su polola, el Álvaro y un cabro que nunca supe su nombre. Tenía la esperanza de que ibas a llegar de sorpresa a sentarte con nosotros, a mi lado, que ibas a llegar con una cerveza en la mano, o que te ibas a tomar mi vaso e ibas a salir riendo y saltando como tantas veces... pero no pasó, no llegaste.

Tenía la idea de volver a la casa al terminar de tomarme las cervezas de los que me conocieran, pero el Álvaro me invitó a tomar a su casa y fumar marihuana, y entre estar solo e irme con él, preferí ir por la distorsión... Mi corazón deseaba que fueras tú, irme a tu casa y seguir la noche a tu lado y decirte y mostrarte todo lo que siento por ti, lo importante que eres en mi vida. Estuve toda la noche esperándote... pero no llegaste.

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